El consumo de bebidas envasadas dirigidas para los pequeños de la casa, como jugos y saborizadas, ha crecido de manera exponencial en la dieta de las niñas y los niños en México. Sin embargo, lo que parece una opción inofensiva es en realidad un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares.
La Procuraduría Federal del Consumidor de la Profeco realizó un estudio sobre estos productos, revelando información crucial para que padres y tutores tomen decisiones informadas sobre la alimentación infantil.
Hay que recordar que partir del 31 de marzo de 2025, la venta de comida chatarra está prohibida en todas las escuelas de educación básica en México. Esta medida forma parte del programa nacional Vida Saludable, una iniciativa conjunta de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Secretaría de Salud destinada a combatir la obesidad infantil.
La obesidad infantil en México es alarmante; el país está entre los primeros lugares a nivel mundial en sobrepeso infantil y enfermedades derivadas del consumo de productos ultraprocesados.
De acuerdo con Profeco, el consumo excesivo de azúcar de estas bebidas está directamente relacionado con problemas como resistencia a la insulina, hipertensión, dislipidemia e incluso alteraciones en la microbiota intestinal.
Un error común es pensar que esos jugos son una opción saludable. Aunque contienen vitaminas, también poseen altos niveles de azúcares naturales, lo que eleva el índice glucémico y favorece el desarrollo de trastornos metabólicos cuando su consumo es frecuente.
Según Profeco, es mejor optar por el consumo de frutas enteras, que conservan su fibra y reducen el impacto en el metabolismo infantil.
Desde 2020, la Norma Oficial Mexicana de Etiquetado establece un sistema de advertencias en los empaques de alimentos y bebidas. Este sistema incluye sellos que alertan sobre el exceso de azúcares, grasas y sodio, así como leyendas precautorias en productos que contienen edulcorantes y cafeína. Su propósito es brindar información clara a los consumidores y prevenir el consumo de productos inadecuados para menores de edad.
Un punto clave de esta normativa es la prohibición del uso de personajes infantiles, dibujos animados y elementos interactivos en productos con sellos de advertencia.
Esto responde a estudios del Instituto Nacional de Salud Pública que demuestran que los niños son altamente influenciables por estas estrategias publicitarias, lo que los lleva a preferir opciones poco saludables.
Según el estudio de Profeco, los jugos que contienen 100 % o mucha fruta y no tienen edulcorantes (malos para las infancias) son los siguientes:
Por otro lado, los jugos que tienen edulcorantes, no recomendables para niñas y niños, pues "afectan la salud de tus hijas e hijos" y "se reconocen efectos metabólicos negativos como disminución en la sensibilidad de la insulina, aumento de concentración de glucosa sanguínea y habituación al sabor dulce en la población infantil", son los siguientes:
Las bebidas sin azúcar, endulzadas con edulcorantes artificiales como sucralosa y acesulfame K, también son motivo de preocupación.
Aunque no aportan calorías, estudios han demostrado que afectan la microbiota intestinal, modifican la percepción del sabor dulce y aumentan la preferencia por alimentos azucarados.
En menores de edad, su consumo frecuente podría tener efectos adversos en el metabolismo de la glucosa, por lo que se recomienda evitarlos o reducir su ingesta.
La clave para cambiar los hábitos alimenticios de los niños está en la educación y en el ejemplo de los adultos. Algunas estrategias para reducir su consumo incluyen:
Te invitamos a leer el artículo completo en el siguiente enlace: https://revistadelconsumidor.profeco.gob.mx/PDF/2025/RevistaDelConsumidor-578-Abril-2025.pdf
En un país donde el consumo per cápita de bebidas azucaradas alcanza los 163 litros al año, tomar decisiones informadas sobre lo que bebemos es fundamental para la salud de las nuevas generaciones. Profeco invita a los padres y tutores a leer con atención las etiquetas, evitar productos con sellos de advertencia y fomentar el consumo de agua natural como la mejor opción para hidratarse.